Desde que Zeid Ra’ad al-Hussein se convirtió en Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos hace 4 años, se han denunciado más ataques a la seguridad y dignidad

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos se despide de su cargo tras cuatro años de trabajar defendiendo a los más vulnerables y relata a Noticias ONU los momentos más impactantes y las lecciones aprendidas durante su mandato.

Desde que Zeid Ra’ad al-Hussein se convirtió en el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos hace cuatro años, se han denunciado más ataques a la seguridad y dignidad de las personas en todo el mundo.

Ahora, tras haber recorrido el planeta y parado en los lugares más inhóspitos, el mandato de Zeid llega a su fin a finales de agosto. Su reemplazo, recientemente anunciado, será la ex presidenta chilena Michelle Bachelet.

Pero antes de partir, el todavía máximo responsable de derechos humanos de las Naciones Unidas habló sobre el estado de los derechos humanos y compartió consejos para su sucesora.

“Con cada año que ha pasado, hemos visto mayor presión en la agenda mundial de los derechos humanos”, sentenció el Alto Comisionado saliente. “Como he dicho, la opresión está de regreso. La represión está otra vez de moda”.

La diplomacia silenciosa

Aunque Zeid se ganó enemistades por sus constantes señalamientos y condenas por los abusos a los derechos humanos cometidos en varios rincones del mundo, su trabajo también ocurrió tras bambalinas ejerciendo la denominada diplomacia silenciosa: reunirse con gobiernos, enviar cartas, y realizar llamadas telefónicas.

La opresión está de regreso. La represión está otra vez de moda.

Pero esa distancia resulta cómoda para ministros y delegados que no quieren escuchar sobre los abusos que se comenten en sus respectivas naciones. Por eso a veces, dijo, el último recurso es enviar mensajes anunciando que su oficina hará públicos los problemas y medidas recomendadas para un determinado país. Sólo así los funcionarios devuelven las llamadas. 

“La lección aprendida fue que si a veces uno no habla, si no amenaza con hablar, no capta su atención”, dijo Zeid. “Prefiero errar por haber hablado que quedarme en silencio”.

Cuando Zeid asumió el cargo, estallaba el horror del Estado Islámico y se profundizaba la crisis en Siria y en Iraq, desatando así un éxodo sin precedentes de migrantes y refugiados hacia Europa.

En su análisis, esto provocó que a su vez en Europa brotara una gran determinación de emprender luchas contra el terrorismo y que se fortalecieran los demagogos que aprovecharon lo que ocurría para encender debates anti inmigrantes con fines políticos.

“Defender a quienes son blancos injustificados de estas estrategias es lo que define al puesto de Alto Comisionado”, detalló Zeid.

Los gobiernos son más que capaces de defenderse. No es mi trabajo defenderlos.

“Para nosotros, las personas tienen sus derechos, los Estados tienen sus obligaciones, sus compromisos y debemos defenderlos, defender a las personas, no a los Estados”, apuntó.

“Los gobiernos son más que capaces de defenderse. No es mi trabajo defenderlos. Yo debo defender a la sociedad civil, a los grupos vulnerables, a los marginados, a los oprimidos”, reiteró.

El pobre paga las consecuencias

Ser parte de la vanguardia en la lucha por los derechos humanos ha marcado a Zeid, quien aseguró haber visto cosas lamentables en estos cuatro años.

De todas ellas, la que más lo marcó fue su encuentro con cuatro jóvenes mujeres salvadoreñas condenadas a 30 años de cárcel por abortar cuando sus embarazos terminaron por emergencias médicas.

Relató que llegó a la prisión salvadoreña conocida como el Apango para entrevistarse con las cuatro mujeres encarceladas. Ahí escuchó historias terribles como la de una mujer que vio a su feto en el suelo y en vez de que la llevaran a un hospital la esposaron para llevarla a prisión.

“Me senté con ellas y creo que, en el espacio de 10 minutos, todos estábamos llorando porque su sufrimiento era tan extremo”, recordó. “Y pensé que la crueldad, la capacidad de crueldad humana es increíble”.

Al escucharlas, Zeid encontró que el común denominador en su situación es que todas eran mujeres de los sectores más pobres de la sociedad salvadoreña.

“Creo que en muchas, muchas partes del mundo, este es el punto que realmente nos duele una y otra vez, los pobres sufren todas las consecuencias”, acotó Zeid.

Consejos para su sucesora

Con un pie ya fuera del puesto, el funcionario aseguró que el puesto de Alto Comisionado para los Derechos Humanos requiere que la persona a cargo se comporte de cierta manera que la lleva a ser poco popular entre los mandatarios del mundo porque de lo contrario se tendría que explicar ante las mismas personas que están sufriendo.

“No creo que nadie en este cargo, aunque pensara diferente, pueda trabajar de una manera radicalmente distinta a la manera en que mis predecesores y yo hemos trabajado. Creo que, si tratas de apartarte, aun así, te van a llamar la atención y será muy desagradable porque vendrá de las mismas personas que están sufriendo. No puede haber nada que pueda desgarrar más tu conciencia que si los abandonas”, expresó.

Para lograr esto, dijo Zeid, la persona al frente debe mantenerse sana para afrontar los retos que el trabajo presenta.

“Siempre digo que hay que tener buena salud porque es un trabajo exigente. Esto requiere un compromiso total y, por lo tanto, mi esperanza es que esa persona esté completamente comprometida con esto”, cerró Zeid.

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