Vicente Fox jura que metería las «manos al fuego» por Ernesto Ruffo, ignorando de forma olímpica que su defendido enfrenta cargos por contrabando de combustible

Parece que el ex presidente Vicente Fox extraña el calor de los reflectores, o quizás simplemente no midió el peligro de jugar con cerillos. Este martes, el hombre de las botas y las frases célebres decidió pararse frente a la Fiscalía General de la República (FGR) en la Ciudad de México para protagonizar un nuevo acto de su ya conocido teatro político. ¿El motivo? Defender a su correligionario Ernesto Ruffo, ex gobernador de Baja California, detenido el pasado 17 de junio.

Fiel a su estilo grandilocuente y sin temor a las leyes de la física o del sentido común, Fox reafirmó su apoyo absoluto asegurando que sería capaz de meter “las manos al fuego” por el ex mandatario estatal. Una declaración valiente, sin duda, pero sumamente arriesgada si revisamos las acusaciones que pesan sobre su defendido. Y es que la FGR acusa a Ruffo nada más y nada menos que de delincuencia organizada y contrabando de combustible.

Hagamos cuentas: defender a un presunto contrabandista de gasolina ofreciendo meter las manos al fuego es, por decir lo menos, una imprudencia pirotécnica. Con el precio actual de los hidrocarburos y la naturaleza inflamable del «huachicol», lo más probable es que el bueno de Vicente termine sin huellas dactilares. Alguien debería recordarle que la gasolina y las fogatas de la lealtad partidista no se mezclan bien.

UN COMITÉ MUY «PLURAL» Y TORTURAS DE ALTA SEGURIDAD

El mitin no lo hizo solo. Fox se rodeó del autodenominado «Comité Plural por la Libertad de Ernesto Ruffo» y del recién estrenado presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Jorge Romero. Juntos, bajo el cobijo de las redes sociales del partido, intentaron transformar una carpeta de investigación criminal en una gesta heroica.

En su apasionada intervención, el ex presidente denunció que Ruffo es víctima de una supuesta “tortura psicológica” en el Centro Federal de Readaptación Social Altiplano, en el Estado de México. Cabe preguntarse si la «tortura» consiste en no tener acceso a Twitter o si se refiere al impacto de asimilar que ya no está en los viñedos de Baja California, sino en una prisión de máxima seguridad.

Mientras la hija del detenido, Verónica Ruffo, publicaba fotos del encuentro exigiendo un «Ruffo Libre» y lamentando la falta de seguridad para los mexicanos, Fox se consolidaba como el abogado defensor que nadie pidió pero que el espectáculo agradece.

EL VEREDICTO DE LA IMPRUDENCIA

Al final del día, el show de Fox en la FGR nos deja una valiosa lección de lealtad ciega o, quizás, de simple nostalgia por el micrófono. Mientras el proceso penal contra Ruffo por delincuencia organizada sigue su curso en las frías celdas del Altiplano, Fox prefiere la calidez de la calle y las metáforas incendiarias.

Solo esperemos que, si la Fiscalía presenta las pruebas del contrabando de combustible, el ex Presidente tenga a la mano un buen extintor. Porque en la política mexicana, prometer meter las manos al fuego por un amigo suele terminar en quemaduras de tercer grado… y con un fuerte olor a gasolina.

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