Guadalajara en las grandes transformaciones de México. Ha sido y es una ciudad de primera importancia por sus aspectos históricos, políticos, sociales y económicos

Por Víctor Páez Calvillo

Como parte integrante del territorio nacional, Guadalajara ha sido y es una ciudad de primera importancia por sus aspectos históricos, políticos, sociales y económicos en el occidente de la nación mexicana. La ciudad capital de Jalisco, ha tenido un protagonismo fundamental dentro de los grandes procesos de transformación de la vida pública en México por esta razón es necesario recordar y tener presente la manera en la que el progresismo tapatío se ha vinculado con el resto del país en el gran ideal de alcanzar la justicia social, la libertad y el desarrollo.

1T (Independencia)

En el marco por la emancipación nacional, la “toma de Guadalajara” (10-26 de noviembre de 1810), a cargo del General José Antonio Torres (el Amo Torres) significó un vuelco importante en la lucha por la independencia que se sumaría a los deseos de libertad y justicia que se había iniciado dos meses antes en el centro del país. Inmediatamente se estableció un primer decreto de abolición de la esclavitud con aplicación a todo el territorio. El reino de la Nueva Galicia daba paso al Departamento de Jalisco, con un apoyo intenso a favor del federalismo encabezados por Francisco Severo Maldonado y Prisciliano Sánchez.

2T (Reforma)

Las luchas entre liberales y conservadores se hicieron sentir en Guadalajara, el debate se encontraba entre el bando que apoyaba al federalismo y el que apoyaba al centralismo como formas de organización política. Asimismo, la clase política se dividió política e ideológicamente entre aquellos que rechazaban y quienes apoyaban las Leyes de Reforma, a saber: Ley Juárez (23 de noviembre de 1855), Ley Lerdo (25 de junio de 1856), Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos (12 de junio de 1859), Ley del Matrimonio Civil (23 de julio de 1859), Ley de Creación del Registro Civil (28 de agosto) y la Ley Sobre la Libertad de Cultos (4 de diciembre de 1860).

Durante la invasión francesa a México y el Segundo Imperio, Guadalajara se convirtió en un bastión de resistencia importante destacando a los generales Eulogio Parra, Donato Guerra y Amado A. Guadarrama, quienes  derrotaron a los franceses en La Coronilla, provocando que el gobierno imperial evacuara la ciudad. 

La ideología liberal, a manos de Ignacio L. Vallarta, se impuso una vez restaurada la república mexicana. Comenzaría un proceso de reestructuración política, económica y social del territorio jalisciense, en búsqueda de la recuperación en los márgenes del nuevo estado mexicano.

3T (Revolución)

Durante el porfiriato, en Jalisco no se manifestó una fuerza política de oposición organizada. La dispersión de los grupos políticos era tal que no se contestaba la imposición de los gobernadores, siendo estos leales al presidente Porfirio Díaz. Dos gobernadores destacan por su permanencia en el poder y su autoridad: Luis del Carmen Curiel y Miguel Ahumada, bajo su dirección se emprendieron grandes obras de infraestructura y modernización, a costa de una desigualdad social impresionante.

Dichas desigualdades, fueron las denuncias de estudiantes, profesionistas, mineros y obreros que, incluso, llegaron a realizar huelgas, todas reprimidas por el gobierno. Destaca la crítica de Roque Estrada, Ignacio Ramos Praslow y Miguel Mendoza López, quienes manifestaban ideas de corte socialista, muy cercanas a las ideas anarquistas y de apoyo a los hermanos Flores Magón (magonismo). A través del “Partido Obrero Socialista” y su órgano de difusión La Aurora Socialista, sus principales demandas fueron: jornada laboral de ocho horas, establecimiento de un salario mínimo y la regulación del trabajo de los menores de edad, entre otros.

En 1909, Franciso I. Madero estuvo acompañado de Roque Estrada en su popular mitin en Guadalajara a pesar de los impedimentos por parte del gobernador de Jalisco en turno. Diversos colectivos estudiantiles apoyaron las actividades a favor de Madero y, cuando fue convocado en 1910, impulsaron el movimiento revolucionario. Los jaliscienses que apoyaban el federalismo se alzaban a la voz de “libertad, independencia y soberanía”. Había un ánimo antiporfirista en contra de la situación económica, la falta de equidad, la aplicación de la ley y el antireeleccionismo.

Entre los revolucionarios jaliscienses destacan Enrique Calleros, Nicolás R. Casillas y Salvador Gómez. Asimismo, podemos señalar a los revolucionarios nativos de diversas partes de Jalisco como: Isidro Michel, de Autlán; Cleofas Mota, de Etzatlán; Ramón Romero, de San Marcos; Julian Medina de Hostotipaquillo; Julián Medina (recordado por el 1balazo al reloj del Palacio de Gobierno); de Tlajomulco, Gral. Eugenio Zúñiga y Amado Aguirre, de San Sebastián.

Asimismo, la participación política y activa de las mujeres lideradas por las hermanas Apodaca Anaya: Laura y Atala, ambas maderistas y constitucionalistas, en apoyo a las líneas revolucionarias.

El orden político inaugurado por la presidencia de Madero incentivó la pluralidad parlamentaria pero su presencia fue breve ante el asalto al poder de Victoriano Huerta en el periodo conocido como la Decena Trágica. Comenzaba así la dispersión de la lucha revolucionaria contra la usurpación del poder, la disolución del Congreso de la Unión y la dictadura militar.

Figuras como Francisco “Pancho” Villa, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, surgieron desde diversos puntos del país con diferentes demandas para restaurar la vida pública. Imponiéndose, al final de la contienda, las visiones constitucionalistas de Carranza-Obregón.

En Jalisco, las fuerzas revolucionarios encontraron una fuerte resistencia por parte de los grupos conservadores, sectores eclesiales y antiguos porfiristas y huertistas rechazando la mayor parte de leyes procedentes del gobierno constitucionalista. Sin embargo, se lograron imponer las disposiciones emanadas de la Constitución de 1917 y, en consecuencia, se organizó una asamblea constituyente para elaborar la Constitución Política del Estado de Jalisco, promulgada por el Gral. Manuel M. Diéguez, el 11 de julio de 1917.

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