Cerca de 100 diputados de Morena llamaron alarmados a su coordinador Monreal en un lapso de 8 horas, bajo la falsa creencia de que el movimiento de Rocha Moya estaba «pactado» con la Presidencia

El intempestivo y no consultado retorno de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa ha provocado un sismo político caracterizado por una profunda polarización y sorpresa en la sociedad. Lo que pretendía ser una reinstalación rutinaria terminó exponiendo una alarmante falta de disciplina y madurez política, calificada de manera implacable por el propio coordinador de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal Ávila, como una decisión «políticamente inoportuna», «incorrecta», «políticamente mala» e «insuficientemente meditada».

EL CAOS DE LAS LLAMADAS Y EL MITO DEL «PACTO»

La maniobra de Rocha Moya no solo tomó por sorpresa a la opinión pública, sino que desató el pánico y la confusión dentro de las propias filas de Morena. Monreal reveló que, en un lapso de apenas ocho horas, recibió llamadas de al menos 100 diputados federales de su partido que, desorientados y sin rumbo, exigían saber qué hacer ante el vacío de información; nadie sabía cómo reaccionar.

Incluso legisladoras locales de Sinaloa se apresuraron a darle la bienvenida al gobernador bajo la errónea premisa —compartida por analistas y comentaristas— de que el retorno era un asunto «pactado» o «tolerado» desde la cúpula del poder federal.

La realidad detrás de bambalinas era mucho más caótica. Monreal tuvo que rastrear la verdad comunicándose de urgencia con Gobernación y la Consejería Jurídica para confirmar lo que la intuición política ya dictaba: la presidenta Claudia Sheinbaum no tenía conocimiento de la acción y, por supuesto, no la había autorizado.

LA VIEJA ESCUELA DEL «PERDÓN» FRENTE A LA AGENDA NACIONAL

Bajo la cuestionable lógica de que «más vale pedir perdón que pedir permiso», Rocha Moya operó con la audacia de quien cree que una acción consumada de tal magnitud simplemente se le perdonaría con un resignado «ya ahí muere».

Sin embargo, esta ligereza individual le generó un «problema enorme» y adicional a la presidenta Sheinbaum.

En momentos donde el Ejecutivo federal requiere de absoluta concentración para defender la soberanía, negociar el T-MEC y coordinar la compleja relación con Estados Unidos, el capricho del sinaloense actuó como un distractor inaceptable.

Para colmo, Monreal advirtió el peligro internacional de esta imprudencia: en el extranjero, agencias como la DEA y diversos voceros interpretan este desorden como un desafío o como un «doble discurso» de impunidad tolerada, alimentando el prejuicio de que en México «nada se mueve sin la voluntad de la Presidenta».

DEL RESPALDO TOTAL AL AISLAMIENTO: «SÍ ESTÁS SOLO, ROCHA»

La respuesta institucional no dejó espacio para la ambigüedad. Ante la firmeza categórica de Sheinbaum, el inicial respaldo de Morena se desmoronó como un castillo de naipes. En cuestión de horas, gobernadores, dirigentes del partido y grupos parlamentarios que antes lo apoyaban recularon drásticamente, tomando distancia y llamando a Rocha Moya a volver a solicitar licencia.

La lección de esta crisis interna es severa y va dirigida a toda la clase política del movimiento: «Nadie puede colocarse por encima del proyecto» ni confundir una responsabilidad pública con una «propiedad personal».

El drástico giro de los acontecimientos marca un antes y un después en la disciplina partidista, transitando sin miramientos del cómodo cobijo del «no estás solo» al frío aislamiento del «sí estás solo, Rocha».

Quien pretenda amagar con rupturas o creerse indispensable en esta transformación, ahora sabe que se topará con una pared infranqueable.

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