Los comicios electorales en México se han vuelto unas simulaciones caras en donde ha prevalecido los acuerdos mercantiles y no la participación ciudadana

Por Alfonso García Sevilla

Llegan a su fin las precampañas que, sin duda, poco abonaron a la competencia interna dentro de los partidos al contar con alianzas y candidatos únicos. Me parecieron más acuerdos mercantiles cupulares, que un incentivo a la participación política interna que permita valorar el nivel de los militantes en cuanto a capacidades y conocimientos de una problemática que cada día nos agobia más a los ciudadanos. La caballada se exhibió no como flaca, sino como raquítica. 

Aprovechan mañosamente los partidos la legislación vigente para posicionar mediáticamente a sus precandidatos únicos, mismos que serán ratificados por “la militancia” en procesos internos sin críticas ni reflexiones de por medio, una autentica simulación de democracia en detrimento de fortalecer la participación y la cultura democrática de los partidos.

Esto sin dejar de lado lo onerosas que resultaron, pues según el Instituto Nacional Electoral (INE), que dicho sea de paso es tachado por la Iglesia Católica como una autoridad “desdentada y débil”, tan solo los gastos de los aspirantes Anaya, López Obrador y Meade se llevaron 31.5 millones de pesos para posicionar su imagen.

¿Qué nos dejan las precampañas? Un adelanto de lo que veremos a partir de que arranquen las campañas, guerra sucia, desprestigio, ataques, descalificaciones por encima de las propuestas y un incesante bombardeo de spots por todos los medios, además de en los masivos, en las aplicaciones que usamos en nuestros diferentes dispositivos electrónicos. Whatsapp. Twitter, Facebook, etcétera,  se verán saturados también de propaganda electoral. 

Asimismo, nos deja ver la recomposición de los partidos que me recuerda al juego de las “sillitas” donde miembros inconformes salen de un partido para irse a otro al no estar conformes con el reparto de posiciones, en espera de que otro dedo si los señala como ungidos para abanderar candidaturas. 

Y, por último, lo que el ciudadano más recordará de estas simulaciones caras será el na, na, na, na, na y el “ya sabes quién”. Así el nivel de nuestra democracia que nos cuesta de primer mundo y cuyos resultados son de república bananera… Sad, but true.

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