«Brasil no cabe en el patio trasero de nadie»: Lula sacude la ONU con una feroz embestida contra el hegemonismo y la parálisis global

Ante la Asamblea General, el Mandatario brasileño denunció el retorno de las presiones imperiales en Latinoamérica, arremetió contra el uso coercitivo de los aranceles y acusó al Consejo de Seguridad de la ONU de mantener a la diplomacia mundial «como rehén de la inacción».

En una contundente e incisiva intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó una severa advertencia sobre el peligroso resurgimiento de «tentaciones hegemónicas» en América Latina y el Caribe.

Al aludir explícitamente a la proximidad geográfica de la región con la mayor potencia militar del planeta, el líder latinoamericano proclamó con firmeza que «Brasil no cabe en el patio trasero de nadie», reivindicando la urgencia de contar con socios que impulsen el desarrollo en lugar de someter a la zona a injerencias electorales, divisiones geopolíticas o incursiones por recursos estratégicos.

La arremetida del Mandatario brasileño no se limitó a la soberanía regional, sino que cuestionó de lleno las herramientas de coerción económica y militar empleadas en el escenario global.

Lula denunció abiertamente que la Organización Mundial del Comercio se encuentra «con respiración asistida» mientras diversos gobiernos claudican ante quienes convierten a los aranceles en «armas de coerción y chantaje».

Asimismo, rechazó la respuesta militarizada frente al crimen organizado, asegurando que la región no necesita «portaaviones vigilando nuestras aguas», sino una cooperación efectiva que corte el flujo de dinero y armas que alimenta a las mafias.

En su repaso por los focos de conflicto, Lula fijó posturas tajantes sobre la actualidad regional e internacional.

Sostuvo que el pueblo venezolano merece definir su propio destino y advirtió que Nicaragua no resolverá sus problemas impidiendo la participación de la oposición, al tiempo que denunció el embargo económico y energético contra Cuba como un «castigo colectivo» impuesto a diez millones de personas.

Respecto a Gaza, calificó la ofensiva del Gobierno de Netanyahu como un «genocidio de mujeres y niños», condenó los «actos terroristas» de Hamás y alertó de que los asentamientos en Cisjordania hacen inverosímil la solución de dos Estados, defendiendo además que la relatora de la ONU, Francesca Albanese, «no debe ser silenciada por decir la verdad».

El discurso cerró con una demoledora crítica a la arquitectura del orden multilateral, afirmando que Naciones Unidas atraviesa «su momento más crítico» y que su credibilidad se encuentra en mínimos históricos.

Lula responsabilizó directamente a la parálisis del Consejo de Seguridad y cuestionó duramente el derecho de veto, advirtiendo que «estamos todos como rehenes de la inacción del Consejo de Seguridad» en un mundo donde las concesiones a la «ley del más fuerte» han rebasado todos los límites.

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