Barreno Rojo… Tratantes de blancas, secuestradoras y homicidas, pasaron de la nota roja  a las páginas negras

El enganche: colocarlas en un trabajo. La realidad: secuestro, prostitución, tortura y homicidio. El escenario: Guadalajara, Lagos de Moreno y San Francisco del Rincón, Guanajuato. Las culpables: las hermanas Chuy, Delfa y Eva González Valenzuela, mejor conocidas como “Las Poquianchis”. El hallazgo: 91 cuerpos enterrados entre fetos y mujeres. El contubernio: las madrotas entre militares, policías y el subprocurador de Justicia Tomás Gómez Ramírez. Los detenidos: 40 y sólo 18 consignados.

Las Poquianchis  (1)Las también llamadas “Hermanas Diabólicas” incursionaron en el comercio sexual en el municipio de El Salto de Juanacatlán y tras darse cuenta de las jugosas ganancias para 1945 extendieron su dominio a Lagos de Moreno y a San Francisco del Rincón. Guadalajara fue la principal proveedora de la mercancía carnal por lo que las criminales entretejieron vínculos con altos jefes militares y policiacos, quienes se mostraron indiferentes ante las barbaries que cometían en la “casa de la muerte”.

El escándalo mostraba la corrupción en las altas esferas y sólo se limitaron a cesar al subprocurador Tomás Gómez Ramírez, quien recibía 35 mil pesos como pago de sus favores. A principios del año de 1964 se cayó el telón cuando Soledad y María del Pilar se escaparon del burdel Las Poquianchis y denunciaron la serie de crímenes y delitos en contra de las mujeres secuestradas. El 12 de enero del 64 la policía detuvo a las hermanas González Valenzuela y poco después las sentenciaron a 40 años de cárcel.

LA GRAN RED DE TRATANTES DE BLANCAS

Para 1945 el oficio más antiguo del mundo tenía cerebro, corazón y manos, que se transformaban en armas, violencia física y en brazos ejecutores donde se movían fuertes cantidades de dinero y se derramaba la sangre de mujeres que secuestraban para venderlas al mejor postor. Las protagonistas de este episodio negro de la historia policiaca de Jalisco fueron “Las Poquianchis”, catalogadas como las criminales más siniestras y controvertidas en las páginas policiacas mexicanas.

El trío de lenonas estaba integrado por las hermanas González Valenzuela: Delfina, María de Jesús (su nombre verdadero era Manuela) y Eva o María Luisa. En plena juventud las consanguíneas incursionaron en la prostitución en el municipio de El Salto de Juanacatlán, de donde eran originarias; allí ofrecían los cuerpos de 35 mujeres obteniendo jugosas ganancias. Pero en 1945 las autoridades de dicho lugar prohibieron la prostitución y se dispusieron a cerrar los burdeles y cantinas.

Las hermanas González Valenzuela se mudaron junto con su “rebaño femenino” a Lagos de Moreno, donde abrieron el lupanar Guadalajara de Noche, en la calle Allende 47. Al extender sus lazos con otros lenones empezaba a dar forma la gran red de prostitución que incluía el comercio de menores de edad; al mismo tiempo inauguraron un prostíbulo en San Francisco del Rincón, Guanajuato, llamado Las Poquianchis, domiciliado en calle Allende 15 ó 571.

Las estrechas relaciones que tenían con los proxenetas no eran suficientes de tal manera que tuvieron que aliarse con hombres y mujeres sin escrúpulos que fungirían como enganchadores, secuestradores, asesinos, enterradores, pistoleros y protectores. En esta lista figuraron Josefina Gutiérrez García, Ema Montes, María Concepción Banda, el capitán Hermenegildo Zúñiga Maldonado, conocido como “El Aguila Negra”; Juan José Valenciano Tadeo, sargento segundo de Caballería del Tercer Regimento, y el mismo subprocurador de Justicia de Jalisco, Tomás Gómez Ramírez.

Con la protección en las altas esferas gubernamentales, “Las Poquianchis” fueron las principales traficantes de mujeres en los estados norteños del país. De acuerdo a los informes policiacos, comercializaban a las mujeres entre 700 y mil 500 pesos, por lo que la labor de los enganchadores se intensificaba para incrementar las ganancias.

La ruta del tráfico de mujeres para el comercio carnal se realizaba desde la Perla Tapatía, principal proveedora, hasta Lagos de Moreno, Jalisco, y San Francisco del Rincón, Guanajuato. Pero los enganchadores trabajaban en todo el país, extendiendo su dominio a otros estados como Tamaulipas, Michoacán, San Luis Potosí, Aguascalientes, México, Veracruz, Querétaro, Sinaloa, Monterrey, Nuevo León, Durango, entre otros.

COTOS DE PODER

Desde el municipio de El Salto, el capitán Hermenegildo Zúñiga Maldonado fue uno de los principales ganchos de “Las Poquianchis”; el también llamado “Aguila Negra” les fue de gran utilidad ya que cuando se instalaron en Lagos de Moreno éste integraba la partida militar, les brindó protección y las condujo hacia el influyentismo en las altas esferas.

Pero el teniente “Aguila Negra” no fue el único encubridor; las lenonas al comprender el poder y la autoridad que tenía el Ejército en los poblados se involucraron con otros militares entre los que destacó Juan José Valenciano Tadeo, sargento segundo de Caballería del Tercer Regimento, a quien la mayor de las hermanas González Valenzuela (Delfina) lo hizo compadre para afianzar aún más la relación.

TadeoMientras que Hermenegildo Zúñiga fungía como pistolero del bar Guadalajara de Noche, que estaba ubicado en la calle Allende 47 en Lagos de Moreno, a cambio de 20 pesos diarios y el servicio sexual de mujeres, Valenciano Tadeo era el verdugo y el brazo ejecutor de las hienas. Su primer trabajo fue el asesinato de la cabaretera Marta, a quien liquidaron por un disgusto que tuvo con su comadre, la desaparecieron en el municipio de San Francisco del Rincón.

Por las grandes sumas de dinero que movían en la explotación de mujeres, Delfa se enroló con el entonces subprocurador de Justicia de Jalisco, Tomás Gómez Ramírez, a quien pagaba 35 mil pesos a cambio de su protección. La banda de pornógrafos se fortaleció con la complicidad de las autoridades, lo que les permitió trabajar durante 20 años incrementando sus utilidades. Según declaraciones de la “Poquianchis” mayor llegó a acaudalar más de dos millones de pesos como ganancias netas.

CABARET DE LA MUERTE

Guadalajara de NocheLa convivencia de hombres y mujeres por más de dos décadas en un ambiente de inmoralidad y aberraciones se abría paso todas las noches en los prostíbulos de las hermanas González Valenzuela. La demanda femenina era cada vez mayor, de tal manera que intensificaban esfuerzos por conseguir “mercancía carnal” para surtir al Guadalajara de Noche y Las Poquianchis. Entonces los enganchadores arduamente buscaban mujeres que podrían vender a las lenonas a 700 pesos por secuestrada.

Josefina Gutiérrez (6)Uno de los principales ganchos fue Josefina Gutiérrez García, quien por medio de engaños se llevaba a jovencitas ingenuas de la ciudad de Guadalajara para venderlas a “Las Poquianchis”. En 1958 Delfa le dio instrucciones precisas para que fuera a conseguir mujeres de la Perla Tapatía; pero en su primer intento no lo logró y al regresar al rancho Lomas San Angel —ubicado en Purísima de Bustos a poca distancia de San Francisco del Rincón—, fue salvajemente golpeada y amenazada de muerte sino traía mujeres.

Al paso del tiempo Josefina, el sargento José Valenciano Tadeo, el capitán Hermenegildo, Ema Montes, el policía militar José López Alfaro, Felipe Cardona “El Churros”, Constantino Rivas “El Costal”, Jesús Escareño “El Currichi” y Jesús Luna “El Chuta” abarrotaron Las Poquianchis y El Guadalajara de Noche de mujeres jóvenes al grado tal que no sabían qué hacer con ellas cuando ya no servían para la prostitución.

Las Poquianchis  (5)Sin embargo, los criminales Hermenegildo y José aconsejaron a las lenonas y en poco tiempo los burdeles se convirtieron en campo de concentración y en cementerios particulares. Para someter a las secuestradas, Delfa y Chuy ordenaron construir unos calabozos que funcionaron como celdas de castigo en el rancho Lomas de San Angel, en el Guadalajara de Noche y en Las Poquianchis.

En esos sótanos oscuros y fríos torturaban a las pupilas que se revelaban ante las hermanas González Valenzuela, las cuales ordenaban a sus compinches que las golpearan inhumanamente con látigos o garrotes y las dejaban sin alimento por casi una semana, a consecuencia las mujeres enfermaban de anemia.

Las Poquianchis  (6)En una ocasión las hienas encerraron en San Francisco del Rincón a un grupo de jovencitas que oscilaban entre los 13 y 18 años de edad, las dejaron sin comer por espacio de tres días, luego Delfina les llevó chicharrones con chile rojo y de inmediato las hambrientas muchachitas se los comieron ante la mirada burlesca de su verdugo. Cuando terminaron la Poquianchis les dijo: “¿A qué les supieron sus amigas?”, refiriéndose a Chole y a la “Pingüica”, después vomitaron y la hiena con las manos en la cintura —donde cargaba su pistola— se río a carcajadas.

Las aberraciones no se limitaban a actos de canibalismo, Delfina, María de Jesús y Eva llevaron inocentes al fango al transformarlas en mujeres de la vida galante, que desquiciaron hasta no distinguir entre lo bueno y lo malo; para eso se valieron de drogas y enervantes de tal manera que sus tentáculos pasaron las fronteras al contactarse internacionalmente con  narcotraficantes.

Por las relaciones entre mafiosos y en altas esferas gubernamentales, “Las Poquianchis” se convirtieron en las principales tratantes de blancas en los años 50 y 60. Estas mujeres para complacer a sus protectores y distribuidores de drogas organizaban orgías en el interior de los burdeles; el entonces subprocurador de Justicia de Jalisco, Tomás Gómez, y los militares eran los clientes más asiduos.

TIRADERO DE CADÁVERES

A simple vista el Guadalajara de Noche y Las Poquianchis no pasaban de ser un par de cantinas donde las mujeres vendían sus caricias; pero detrás de esas casas de cita se encubría uno de los episodios delictivos más crueles y escandalosos en lo que a prostitución se refiere. Dentro del oficio más antiguo del mundo pasaba desapercibido por las autoridades un escenario donde había mucha sangre, muchas muertas y en donde se cometía infinidad de delitos.

Poquianchis (3)

La impunidad que gozaban “Las Poquianchis” les permitió cometer un sinnúmero de homicidios, el principal cómplice y asesino fue el archicriminal Salvador Estrada Bocanegra, quien al momento de detenerlo aseguró desconocer cuántas mujeres había matado. El chofer Francisco Camarena García llevaba en una carretilla los cadáveres hasta las improvisadas fosas sépticas, en esta macabra labor era auxiliado por José Facio Santos, quien también ayudaba a los compinches a tirar cadáveres en las carreteras circunvecinas.

También María Concepción Banda ayudó fielmente a su comadre Delfina al construir un pasadizo secreto en su domicilio de Allende 577, en San Francisco del Rincón, por donde se comunicaban al bar Las Poquianchis. Esta mujer fue pieza clave para que las autoridades de Jalisco y Guanajuato no descubrieran a las hermanas González Valenzuela. Cuando se salían de control sus pupilas o clientes eran asesinados en la parte trasera del tugurio, luego los escondían en la casa de Concha y posteriormente ordenaban a sus mozos desaparecerlas en la carretera.

Josefina Gutiérrez (7)A finales de los cincuenta y principios de los sesentas las denuncias sobre desapariciones de jovencitas incrementaban drásticamente en la Procuraduría de Justicia de Jalisco; sin embargo, “Las Diabólicas” eran amparadas por el subprocurador Tomás Gómez Ramírez, quien les revelaba cuando llegaban las denuncias para que cambiaran a las muchachas a otras casas de cita o las escondieran con Concha, mientras el funcionario daba carpetazo a los expedientes.

HISTORIAS DEL CALVARIO

La historia más dramática de las víctimas de “Las Poquianchis” es la de las hermanas Adelina y Ernestina, que fueron entregadas a Delfa por su padre Rosario, con la promesa de buscarles un trabajo de sirvientas, mientras él junto con otros campesinos continúa luchando por recuperar sus tierras que les quitó el gobierno. Las inocentes mujeres fueron depositadas en uno de los burdeles de “Las Diabólicas”, ahí son encerradas y maltratadas por la prostituta Santa y después de ser violadas por dos compinches, aceptan prostituirse.

Rosario no sabe nada de sus hijas, Ernestina se embaraza y es obligada a abortar por Eva; mientras eso sucede, el sargento Valenciano Tadeo secuestra a su hermana Indelisa y la vende a “Las Poquianchis”. Las tres infelices hermanas presencian los crímenes que se cometen en la “casa de la muerte” y son testigos de los malos tratos y la mala comida, por lo que las mujeres se convierten en espectros vivientes.

Carlos Aceves Fernández  (3)Adelina se mostraba inocente y tímida cuando fue sacada de su casa por “Las Poquianchis”; asustada al llegar al burdel, sufrió una transformación al prostituirse, mostrándose entonces patéticamente despreocupada. Ya desquiciada en 1963 es obligada a asesinar a su hermana Ernestina, crimen que pagó cuando descubren a las delincuentes. En 1975, después de haber estado en la cárcel durante once años, se le ve resignada, con una profunda tristeza en la mirada. Mientras que su hermana Indelisa monta un burdel clandestino en San Francisco del Rincón.

CAE EL REINADO DE LA PROSTITUCION

El descubrimiento en 1964 de los cadáveres de muchachas asesinadas y enterradas por órdenes de “Las Poquianchis” destapaba la cloaca de corrupción y crimen que rodeaba a estas lenonas.

En diciembre de 1963, Soledad y María del Pilar se escaparon de sus captoras cuando las enviaron a comprar víveres; como pudieron llegaron a Guadalajara y buscaron a las señoras Esperanza Sánchez Aguilar (madre de la desaparecida Elisa, de 13 años), Petra Jiménez Mejía (madre de María, de 13 años) y Virginia Martínez (madre de Catalina, de 17 años).

Al encontrar a las afligidas madres las víctimas denunciaron en la Procuraduría de Justicia a Delfa, Chuy y Eva como los cerebros de una banda bien organizada de prostitución infantil y explotación de mujeres. Esta denuncia no fue turnada al subprocurador Tomás Gómez, de tal manera que no pudo proteger a las lenonas y las autoridades detuvieron a las hermanas González Valenzuela el domingo 12 de enero de 1964.

La noticia trascendió en los periódicos hasta el miércoles 15 de enero, los cuales publicaban una “espantosa historia de la explotación de mujeres”. Las autoridades de Jalisco como de Guanajuato investigaban arduamente las propiedades de las proxenetas para integrar las evidencias pero al hacer dichas averiguaciones, los agentes policiacos no daban crédito a lo descubierto.

Josefina Gutiérrez (5)Durante las primeras investigaciones, realizadas entre el 12 y 14 de enero, se evidenció que los burdeles de “Las Poquianchis” se convertían en verdaderas “casas de muerte”, donde mataban a garrotazos a las sublevadas cuando no accedían a las aberrantes instrucciones, que iban desde someterlas a prácticas sexuales de bestialismo hasta inducirlas al consumo de drogas y brebajes satánicos. Durante esos días en San Francisco del Rincón encontraron cuatro cadáveres y contabilizaban 12 desaparecidas.

Para el jueves 15 de enero descubrieron otras siete muertas en las fosas improvisadas, éstas estaban amordazadas, atadas y fueron rociadas con gasolina para quemarlas. Asimismo encontraron varios frascos que contenían fetos, producto de las relaciones de las meretrices. A partir de entonces, el número de muertas crecía alarmantemente, entre tanto los investigadores revelaban que durante el mes de enero “Las Poquianchis” tenían planeado una “matanza en serie”, al encontrar el viernes 16 una lista que contenía los nombres de 16 pupilas que iban a matar porque ya estaban muy feas y flacas, además pensaban emprender una campaña de “enganchamiento”.

También el 16 de enero las policías inspeccionaron la mancebía Guadalajara de Noche, en Lagos de Moreno, y descubrieron las improvisadas tumbas colectivas y los hornos crematorios. Las hienas estaban hundidas y eso la sabía Delfa, quien el mismo día trató de ahorcarse con sus trenzas y suéter para librar la justicia. Pero las pesquisas continuaron y el 17 de enero el agente del Ministerio Público, Jesús Prado Flores, ordenó capturar a la comadre de Delfina, María Concepción Banda, y a otros cuatro cómplices.

Telégrafos (2)El 19 de enero fue un día clave, el vespertino El Sol de Guadalajara puso al descubierto el contubernio que tenían funcionarios jaliscienses y autoridades municipales de Lagos de Moreno con las proxenetas. El escándalo creció y el subprocurador de Justicia, Tomás Gómez, fue el más señalado al encontrar en el Guadalajara de Noche unos telegramas que lo comprometían; en dichas misivas el licenciado las alertaba: “Urge vengas existe grave denuncia contra usted”, fechado el 11 de diciembre del 59. Mientras temblaba la elite gubernamental, el lunes 20 levantaron el piso de mosaico del Guadalajara de Noche y se encontraron con una fosa séptica, que contenía huesos humanos, medias y zapatos femeninos.

Jesús Ahumada del Mercado subprocurador JusticiaEl escándalo pasó las barreras estatales por lo que el procurador de Justicia, Luis Macías Meléndez, nombró a Jesús Ahumada Mercado como nuevo subprocurador y cesó a Gómez Ramírez. Después de cinco días de investigación, las autoridades dictaron auto de formal prisión a “Las Poquianchis” y sus cómplices, aunque Eva, la hermana menor, estaba fugitiva. Paralelamente empezaron a caer las principales cabecillas de la banda de pornógrafos; para el 24 de enero en Lagos de Moreno arrestaron al sargento Juan José Valenciano Tadeo acusado de varios homicidios.

A pesar de las evidencias, “Las Poquianchis” aseguraban que iban a librar la justicia, pero el martes 27 de enero la principal enganchadora, Josefina Gutiérrez, acabó de hundir a las hermanas González Valenzuela. Tras un año de silencio, durante cinco horas relató los espeluznantes asesinatos de las prostitutas y descifró las piezas claves de la red de prostitución. Josefina llegó a los prostíbulos de Delfa y Chuy cuando sus papás la corrieron de su casa y después de obligarla a prostituirse se convirtió en verdugo. Durante cinco años surtió de mujeres los prostíbulos hasta que el 14 de enero de 1963 fue detenida por las autoridades de Guadalajara a petición de la joven Petra Esteban Sánchez.

Petra declaró que su mamá le permitió ir con Pina porque iba a trabajar de sirvienta en Zapotlanejo, pero en la Central Camionera se percató que su enganchadora compró boletos para León, Guanajuato. Después de abordar el autobús, Petra se bajó con el pretexto de ir al baño y llamó a la policía y confirmó que Josefina llevaba tres muchachas para venderlas a las proxenetas. Después de las declaraciones de Pina, los jueces interpelaron la pena impuesta en 1963 y el 8 de febrero la sentenciaron a 30 años de prisión y una multa de 205 mil pesos para las víctimas. El mismo día Eva o María Luisa voluntariamente se entregó a la justicia en el Distrito Federal proclamándose inocente al asegurar que ignoraba las actividades de sus hermanas, pero las evidencias la condenaron.

A los juzgados donde se llevaba el caso de “Las Poquianchis” acudieron un gran número de víctimas que declararon en su contra, por lo que el juez decidió cerrar rápido el caso al dictarles 40 años de prisión a las “hermanas diabólicas”, mientras que a sus esbirros y algunas prostitutas fueron condenados a 25 años. Aquí en Jalisco las autoridades se vieron complacientes al limitarse solo a cesar al ex subprocurador Tomás Gómez, principal cómplice y protector de las lenonas. Del mismo modo, el 8 de febrero de 1978 recuperó la libertad Josefina Gutiérrez gracias a las influencias logró reducir la condena.

En aquella época los periódicos no publicaron el número de muertas, pero el investigador policiaco Refugio Silva, quien llevó el caso en Guanajuato, contabilizó 91 cuerpos enterrados en los prostíbulos y en el rancho de “Las Poquianchis”; pero advirtió que el número de muertes es mayor por las desapariciones que hicieron en las carreteras.

María de Jesús González Valenzuela (1)Cuando la policía guanajuatense detuvo a las hermanas González Valenzuela, Delfa tenía 55 años de edad, Eva 51 y Chuy 40, por lo que la condena impuesta por el juez las trastornó. La “Poquianchis” mayor seis años más tarde murió en la cárcel de Irapuato a consecuencia de la depresión y desesperación que la llevó a gritar cuando unos albañiles estaban trabajando en la azotea, se asomaron y accidentalmente se cayó un bote con mezcla y se estrelló en su cabeza para morir horas después.

SINOPSIS DE UN DELITO

Delincuentes: Delfa, Chuy y Eva González Valenzuela “Las Poquianchis”.

Delito: Secuestro, prostitución infantil, homicidio, trata de blancas, robo.

Perfil psicológico: Criminales natas, asesinas en serie y psicópatas sexuales.

Escenario: Lagos de Moreno, Jalisco, y San Francisco del Rincón, Guanajuato.

Móvil: Explotación sexual y robo.

Fecha: De 1945 a 1964.

NUMERALIA CLAVE

14/01/63: Encarcelan a Josefina Gutiérrez García.

12/01/64: Detienen a Delfina y María de Jesús González Valenzuela.

15/01/64: Descubren 11 cadáveres en el bar de Las Poquianchis.

16/01/64: Descubren la lista de la muerte y encuentran 11 cadáveres.

16/01/64: Delfina trató de ahorcarse con sus trenzas.

17/01/64: Inspeccionan el lupanar de Lagos de Moreno.

18/01/64: Dictan formal orden de aprehensión contra Las Poquianchis.

20/01/64: Hallan otro cementerio privado en Lagos de Moreno.

21/01/64: Decretan auto de formal prisión a Delfina y María de Jesús.

24/01/64: Detienen al sargento Juan José Valenciano Tadeo.

27/01/64: Después de un año de silencio declara Josefina Gutiérrez García.

07/02/64: Voluntariamente se entrega Eva, hermana de “Las Diabólicas”.

08/01/64: Dictan 30 años de cárcel para Josefina.

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