Así no… protestas feministas en pro de despenalización del aborto y políticos persiste4ntes en criminalizarlas. Violencia genera violencia

Por Alfonso García Sevilla

Lamentables resultados arrojó la marcha llevada a cabo el pasado fin de semana, donde cientos de mujeres marcharon del Monumento a la Madre hacia el Zócalo capitalino para exigir la legalización del aborto en todo el país, sobre Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, frente a la Catedral y en la plancha de El Zócalo un grupo de encapuchadas realizó pintas en esculturas, en las instalaciones del Metrobús, en edificios y también realizaron algunas quemas.

A su paso sobre Avenida Reforma, un grupo prendió fuego a la puerta de la Cámara Nacional de Comercio de la Ciudad de México, situación que se replicó en otros estados donde también se llevaron a cabo.

Segunda marcha con tintes feministas que se registra en un periodo cercano de tiempo y que termina con daños y de forma violenta. A pesar de la deuda histórica que México tiene con sus mujeres, las protestas no deben ser con esa misma intensidad. Violencia genera violencia.

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Esto solo es un reflejo de la polarización que se vive en torno al aborto y la criminalización de las mujeres que lo practiquen y los extremos entre cárcel y la libertad de decidir sobre su cuerpo, en un país donde pesan más los dogmas y los juicios de valor que las circunstancias de vida adversas que la sociedad le ha impuesto a sus féminas.

La realidad es contundente, en el país el 30 por ciento de los hogares son encabezados por una mujer, según refiere el INEGI, 44 por ciento de las mexicanas han padecido violencia de pareja, 10 por ciento de las que tienen 15 años o más han sido víctimas de algún acto de violencia por parte de un integrante de su familia, el nivel de violencia doméstica es del 66 por ciento y los feminicidios rondan a nueve diarios.

Cabe señalar que en todos estos casos la impunidad ronda el 96 por ciento al no castigarse la gran mayoría de los casos, mismos que no se denuncian por temor a la doble victimización, que es la que hacen las autoridades en  el proceso mediante el cual se produce un sufrimiento añadido por parte de instituciones y profesionales encargados de prestar atención a la víctima (ya sea de malos tratos o violencia de género, secuestros, abusos sexuales, etcétera) a la hora de investigar el delito o instruir las diligencias oportunas en el esclarecimiento de lo ocurrido: jueces, policías o abogados entre muchos otros.

Además, México ocupa el primer lugar de embarazo adolescente, con una tasa de fecundidad de 77 nacimientos por cada mil jóvenes de 15 a 19 años, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en su gran mayoría fueron producto de violación o violencia. Ni que decir del alto número de hombres que no reconocen los hijos y no aportan recursos para su manutención.

¿Tenemos en México el derecho a ser inquisidores por un aborto cuando hemos sido incapaces de brindar a la mujer las condiciones necesarias para llevar una vida libre de violencia y con amplios accesos a las mismas condiciones de los hombres? 

Definitivamente, ante los contextos tan complicados, se debe dar la libertad de decidir cuándo se caiga en los supuestos mencionados y no condenarlas ni satanizarlas; y a nuestros políticos exigirles que mejor se pongan a trabajar para revertir esta penosa realidad que viven y encausar esos esfuerzos en reeducar a la sociedad, tarea difícil pero impostergable …

Politólogo, profesor universitario y miembro del Claustro académico del ITEI

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