AMLO súperstar

Por Alfonso García Sevilla

Hablamos de “culto a la personalidad” para definir la adulación y devoción excesiva, que se asemeja a lo religioso, especialmente en jefes de Estado, la figura un líder con gran carisma que exige devoción incondicional, con patrones de personalidad narcisista y megalómana. No se trata solo de dictaduras autoritarias, de hecho los cultos a la personalidad se pueden dar también en democracias aunque sea menos probable. Ante todo, se identifica al líder con el estado, se les fusiona en uno. El líder se hace llamar con nombres de gran pompa, tales como “supremo”, “generalísimo”, “excelentísimo”, “honorable”, etcétera. Todas sus decisiones y órdenes son acatadas sin chistar y cualquier crítica se criminaliza como “traición a la patria”.

Su figura se reproduce constantemente a través de fotografías, imágenes en los medios y las instituciones, se llega a extremos de atribuirle poderes sobrenaturales, o ser el elegido de la Divinidad, e incluso se identifica con la Divinidad misma.

Este fenómeno ocurre sobretodo en sociedades en crisis, cuando una nación se siente dominada por la inseguridad, la ansiedad, la pobreza y el temor, se predispone a renunciar sus libertades y a la sumisión ciega a una autoridad que garantice la seguridad, o al menos produzca una sensación de bienestar.

Asimismo, el culpable de lo que pasa siempre es otro, se persigue a falsos culpables, todos los avances son del líder en cualquier materia gubernamental o social, y se pretende a toda costa, exagerar por todos los medios los atributos del líder, aunque estos no existan.

Así pues, en México vivimos una “Cuarta Transformación” encabezada por un Presidente que se ha proclamado “honesto, cristiano y humanista”, que sostiene sistemáticamente que la culpa de las condiciones de violencia y pobreza que padecemos actualmente nuestro país son culpa de “Calderón, de la Mafia del Poder, de los conservadores, de la prensa sin bozal” y que a un año de su ascenso al poder los resultados sean magros y a pesar de ello, las encuestas siguen manifestando su altísima popularidad.

México es un país donde el nivel educativo de la población es en promedio de tercero de secundaria y el 60 por ciento padece de algún tipo de pobreza. No es raro entonces que sea caldo de cultivo de fanatismos religiosos, políticos y de cualquier otra índole.

ALFONSO GARCÍA SEVILLA

POLITÓLOGO

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