Acoso sin fin… De acuerdo con el Conavim, la violencia laboral aumentó 30 por ciento en el último año; sin embargo, en muchos casos estas situaciones no se denuncian por miedo a represalias

Por Alfonso García Sevilla

En México, de acuerdo con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim), el acoso y el hostigamiento sexual son manifestaciones de violencia laboral que afectan en especial a las mujeres e impiden su pleno desarrollo profesional. Expuso que todos los días, alguna mujer es víctima de alguna forma de discriminación o violencia en su trabajo y muchas de esas agresiones son manifestaciones de acoso u hostigamiento sexual.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) define al acoso como “insinuaciones sexuales indeseables o un comportamiento verbal o físico de índole sexual que pretende interferir, sin razón alguna, en el requerimiento laboral de una persona o crear un ambiente de trabajo intimidante, hostil u ofensivo”. Detalló que estas afectan en su mayoría a las mujeres y los principales agresores son los compañeros de trabajo (acoso sexual), seguido del jefe (hostigamiento sexual), según datos de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares 2016 (ENDIREH).

De acuerdo con el Conavim, la violencia laboral aumentó 30 por ciento en el último año; sin embargo, en muchos casos estas situaciones no se denuncian por miedo a represalias o falta de confianza en las autoridades.

A esto hay que añadirle la doble victimización que sufren las mujeres que acuden a denunciar por parte de las autoridades, que se define como  el proceso mediante el cual se produce un sufrimiento añadido por parte de instituciones y profesionales encargados de prestar atención a la víctima (ya sea de malos tratos o violencia de género, secuestros, abusos sexuales, etcétera) a la hora de investigar el delito o instruir las diligencias oportunas en el esclarecimiento de lo ocurrido: jueces, policías o abogados entre muchos otros.

Las instituciones en este país, desde la familia, los centros escolares, hasta las encargadas de prevenir el acoso, como parte fundamental de la erradicación de la violencia contra las mujeres, han fracasado rotundamente sin que se tome en cuenta como un grave problema social que incide en la cada día mayor escalada de violencia en nuestro país.

Ante la ausencia de confianza en las instituciones, las redes sociales se han vuelto el catalizador de las denuncias haciendo una moderna inquisición que castiga moralmente a los denunciados, sin que medie un castigo o sanción, la catarsis de “quemar” a los hombres que han incurrido en prácticas de acoso u hostigamiento se han vuelto más recurrentes, ante la inacción de autoridades y sociedad, que se encuentran en un tobogán sin fondo ante la grave crisis de valores que enfrentamos día a día y que parece no tiene la atención de alguien capaz de incluirlo en la agenda pública para la creación de políticas públicas que tiendan a prevenir y a erradicar estas vergonzantes conductas.

Politólogo, profesor universitario y miembro del Claustro Académico del ITEI.

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