“Que deje el escritorio y dé la cara”: Carlos Lomelí exige a Héctor Raúl Pérez Gómez, secretario de Salud, revisar el agua contaminada
La Zona Metropolitana de Guadalajara atraviesa la crisis hídrica y sanitaria más severa de su historia reciente. Lo que comenzó como denuncias por líquido turbio en los hogares se ha transformado en una bomba de tiempo epidemiológica que amenaza directamente la vida y la salud de millones de tapatíos.
Ante el silencio oficial y la pasividad de las autoridades, el presidente del Consejo Político de Morena en Jalisco, Carlos Lomelí Bolaños, lanzó una demoledora ofensiva política y sanitaria, señalando de manera directa al gobernador Pablo Lemus por la negligencia institucional y advirtiendo que la población estará expuesta a este veneno durante al menos dos años y ocho meses más.
EL VENENO EN LOS GRIFOS Y EL COLAPSO DE LAS EMBOTELLADORAS
La crisis del agua en la capital jalisciense ha alcanzado niveles de alarma extrema. Investigaciones recientes y análisis de laboratorios independientes han revelado que el agua suministrada por el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) no solo llega pestilente o de color marrón, sino cargada de bacterias coliformes fecales y una aterradora mezcla de metales pesados como plomo, mercurio, zinc, azufre y arsénico.
Lo más preocupante de esta emergencia es que la contaminación traspasó los grifos domésticos y alcanzó a los comercios de llenado de garrafones. Dado que estas empresas embotelladoras se abastecen de la misma red pública defectuosa, la desmedida demanda ciudadana ha sobrepasado por completo la capacidad de sus sistemas de filtración.
Como consecuencia, la población está comprando y consumiendo agua embotellada contaminada con coliformes, creyendo erróneamente que se trata de un producto seguro.
«Las empresas llenadoras de garrafón están conectadas a la red de agua. Hacen su mejor esfuerzo y tienen sus filtros, pero la cantidad de demanda rebasa por mucho la capacidad de purificación… Por eso se está encontrando agua con coliformes ya en los negocios de los garrafones, porque es la misma red», advirtió enfáticamente Carlos Lomelí.
La infraestructura hídrica de la metrópoli se encuentra en un estado de colapso estructural: cuatro plantas potabilizadoras permanecen obsoletas e insuficientes, mientras que la red de distribución subterránea, fracturada y en ruinas, permite que las aguas negras del drenaje se mezclen con el suministro potable antes de llegar a los hogares.
En diversas colonias, los vecinos reportan agua con espumas tóxicas similares a las del contaminado Río Santiago, cuyos vapores desprenden un hedor penetrante que arrastra metales volatizados.
DEJEN EL ESCRITORIO Y DEJEN DE TAPAR LAS DAGAS DEL GOBIERNO
En el centro de las críticas de Carlos Lomelí se ubicó el secretario de Salud de Jalisco, Héctor Raúl Pérez Gómez, a quien acusó de omisión criminal y de mantenerse «calladito» frente a un desastre sanitario de proporciones históricas.
Lomelí Bolaños exigió la salida inmediata de los funcionarios de sus oficinas para verificar en campo la calidad del líquido que consume la ciudadanía:
«Invito a la Secretaría de Salud a que dejen el escritorio, que salgan a la calle, que salgan a supervisar las plantas en donde se están llenando los garrafones de agua y las plantas potabilizadoras ambulantes».
El líder político recordó que desde el pasado 16 de marzo se exigió formalmente una alerta sanitaria para la Zona Metropolitana de Guadalajara, la cual fue ignorada y minimizada por las autoridades estatales.
En sus declaraciones más duras, Lomelí recriminó el papel de los profesionales de la medicina incrustados en la burocracia estatal:
«El agua, aparte de cochina, aparte de sucia, aparte de traer coliformes, por supuesto que trae metales pesados… Me da lástima ver a mis compañeros médicos tapando las dagas del gobierno del estado, porque eso va a enfermar a las y los ciudadanos».
NIÑOS CON INSUFICIENCIA RENAL Y CÁNCER: LA FACTURA HUMANA DE LA CONTAMINACIÓN
Las consecuencias médicas del consumo y exposición al agua contaminada en Jalisco son devastadoras y de largo alcance. En el corto plazo, las brigadas médicas han detectado un aumento alarmante de infecciones gastrointestinales, conjuntivitis severa y dermatitis ulcerosa en la piel.
Sin embargo, el verdadero impacto mortal se registra en las patologías crónicas. La presencia acumulativa de plomo y mercurio en el organismo destruye las funciones renales y celulares.
Lomelí alertó que el escenario trágico que durante cuatro décadas afectó a poblaciones como El Salto, Juanacatlán, Poncitlán y Mezcala —donde la insuficiencia renal es una epidemia constante— se ha instalado definitivamente en la red de agua de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
«No se trata de alarmar, pero es la realidad. Si nos damos una vuelta a Poncitlán, se van a dar cuenta de niños de 4 y 5 años con insuficiencia renal que a veces empiezan a adquirir este mal a través de la leche materna… Se han detectado enfermedades de la piel, cáncer de piel, cáncer pulmonar e insuficiencia renal, y ahora ya lo tenemos en nuestra red metropolitana», indicó.
Incluso la inhalación de los vapores del agua al momento de ducharse representa un peligro, ya que los metales pesados que se volatilizan al ambiente penetran profundamente en el sistema respiratorio, detonando casos de cáncer de pulmón.
DOS AÑOS Y OCHO MESES DE AGONÍA BAJO EL GOBIERNO DE PABLO LEMUS
La resolución de esta crisis no será inmediata. De acuerdo con las proyecciones técnicas y los plazos de las obras federales de saneamiento y sustitución de infraestructura, el problema de contaminación del agua tardará en resolverse al menos dos años y ocho meses.
Durante este prolongado periodo de más de 32 meses, la administración del gobernador Pablo Lemus es señalada como la principal responsable de garantizar medidas paliativas y de responder por la exposición continúa de las familias a estos contaminantes.
Frente a esta inacción, Carlos Lomelí demandó una auditoría integral y urgente al SIAPA, organismo al que calificó como una estructura hipertrofiada e ineficiente que privilegia el gasto burocrático sobre la atención técnica en las calles.
«Tenemos que auditar el SIAPA. El SIAPA está sobrado en estructura, tiene todo menos lo que necesitamos en la calle: gente que repare, gente que solucione… No podemos seguir así. Siguen parados en el error. Así no se puede, no se puede gobernar así».
La exigencia del morenista es clara: despliegue de brigadas epidemiológicas en las colonias, mediciones periódicas de metales pesados en la red pública y una fiscalización transparente de los recursos destinados a la infraestructura hídrica para evitar que el presupuesto termine diluido en actos de corrupción mientras los tapatíos enferman.


